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La voz bajo condición: ideología, mediación y constitución del sujeto en Après moi, le déluge

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La voz bajo condición: ideología, mediación y constitución del sujeto en Après moi, le déluge

En Après moi, le déluge, de Lluïsa Cunillé, hablar nunca es solo hablar. Cada palabra llega marcada por una posición previa, por una relación de fuerza, por una distancia que impide pensar el lenguaje como un espacio limpio. La obra no sitúa el conflicto únicamente en lo que se dice, sino en algo más incómodo: quién puede decir, desde dónde y en qué condiciones esa palabra merece ser reconocida. Ahí, en esa zona de fricción, ideología y subjetividad dejan de…
En Après moi, le déluge, de Lluïsa Cunillé, hablar nunca es solo hablar. Cada palabra llega marcada por una…

En Après moi, le déluge, de Lluïsa Cunillé, hablar nunca es solo hablar. Cada palabra llega marcada por una posición previa, por una relación de fuerza, por una distancia que impide pensar el lenguaje como un espacio limpio. La obra no sitúa el conflicto únicamente en lo que se dice, sino en algo más incómodo: quién puede decir, desde dónde y en qué condiciones esa palabra merece ser reconocida. Ahí, en esa zona de fricción, ideología y subjetividad dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en materia escénica.

La subjetividad no aparece como una interioridad anterior al discurso, sino como el efecto de ocupar un lugar dentro de un orden que ya estaba ahí. En términos de Althusser, el sujeto se constituye al ser interpelado por la ideología, al reconocerse en una posición que le preexiste (Althusser, 1970). Esta lógica se percibe con claridad en el hombre de negocios: su discurso técnico, eficaz y aparentemente neutro no expresa tanto una identidad como una función. Su autoridad no necesita imponerse porque ya está inscrita en la forma misma de su enunciación. Habla desde un lugar que organiza la interacción y delimita lo decible sin presentarse como una posición particular. Es la hegemonía funcionando en voz baja: aquello que parece natural precisamente porque ha conseguido borrar sus condiciones de producción (Gramsci, 1971).

Frente a esa estabilidad, la obra introduce una grieta decisiva: la mediación. El Padre congolés no habla directamente, sino a través de la Intérprete. Este desplazamiento no es un recurso formal menor, sino el centro mismo del problema. La voz existe, pero no se sostiene sola; necesita pasar por otro cuerpo, otra lengua, otra voluntad. Entre la experiencia y su formulación se abre una distancia que no puede cerrarse del todo.

Aquí la reflexión de Spivak resulta especialmente pertinente: no basta con que el subalterno hable; es necesario que su palabra sea reconocida como enunciación legítima (Spivak, 1988). En la obra, esa legitimidad queda suspendida. El Padre no está completamente silenciado, pero su palabra tampoco aparece como plenamente autónoma. Circula, sí, pero atravesada por un filtro que la vuelve inteligible al mismo tiempo que la transforma. Su voz llega, pero no llega intacta.

La Intérprete encarna esa ambigüedad. Traducir no es reproducir; es intervenir. Implica seleccionar, ordenar, modular, decidir qué parte del discurso se mantiene y cuál se pierde. Lo que parece un puente también es una frontera. Por eso el lenguaje, en la obra, no refleja simplemente la realidad: la organiza, la distribuye, la jerarquiza.

Desde Butler, esta dinámica puede leerse en términos de performatividad: el sujeto no precede al lenguaje, sino que se produce en la reiteración de normas que lo hacen reconocible (Butler, 1997). Sin embargo, en Après moi, le déluge, esa reiteración no estabiliza del todo. Los discursos funcionan, pero dejan ver sus costuras. Las posiciones parecen claras, pero se desgastan en el intercambio, en los silencios, en las zonas donde la comunicación falla o se vuelve insuficiente.

Es ahí donde se articula la tensión entre sujeción y subversión. La sujeción se manifiesta en la imposibilidad de hablar fuera del marco que organiza la escena: no hay un afuera puro desde el que tomar la palabra. Pero la obra tampoco clausura completamente el sentido. Las interrupciones, las fricciones y la opacidad de la traducción introducen una resistencia mínima, no espectacular, pero decisiva. La subversión no aparece como ruptura frontal, sino como desajuste: algo que impide que el discurso cierre perfectamente sobre sí mismo.

El espacio escénico refuerza esta lectura. El hotel africano no funciona como decorado, sino como lugar atravesado por relaciones económicas, históricas y simbólicas. África aparece como un espacio ya leído desde fuera, inscrito en una red de significados que lo sitúan como “otro”. En este punto, Said permite afinar la interpretación: el “otro” no solo es representado, sino producido dentro de un discurso que define su lugar, su diferencia y su subordinación (Said, 1978).

En conjunto, Après moi, le déluge muestra que la subjetividad no puede pensarse al margen de las condiciones ideológicas que la producen, pero tampoco como un efecto totalmente cerrado. El sujeto aparece como una posición inestable: constituida por relaciones de poder, pero nunca fijada del todo por ellas.

La obra no resuelve esa tensión, y ahí está precisamente su fuerza. No ofrece una salida limpia ni una voz finalmente liberada. Lo que deja es algo más incómodo y fértil: la distancia entre hablar y ser reconocido como sujeto. Y en esa distancia —no en la palabra pura, sino en sus condiciones de posibilidad— se revela tanto la eficacia de la ideología como el punto exacto en el que empieza a resquebrajarse.

Bibliografía 

  • Althusser, L. (2005). Ideología y aparatos ideológicos del Estado. Siglo XXI. (Obra original publicada en 1970)
  • Butler, J. (2001). Mecanismos psíquicos del poder: Teorías sobre la sujeción. Cátedra. (Obra original publicada en 1997)
  • Gramsci, A. (2011). Cuadernos de la cárcel (Vols. 1–6). Akal. (Obra original publicada entre 1929–1935)
  • Said, E. W. (2003). Orientalismo. Debolsillo. (Obra original publicada en 1978)
  • Spivak, G. C. (2003). ¿Puede hablar el subalterno? Revista Colombiana de Antropología, 39, 297–364.
  • Cunillé, L. (2012). Après moi, le déluge. Arola Editors.

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La relación entre ideología y subjetividad en la obra “Après moi, le déluge” de Lluïsa Cunillé

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La relación entre ideología y subjetividad en la obra “Après moi, le déluge” de Lluïsa Cunillé

En este texto se va a intentar analizar cómo se manifiesta en la obra de Lluïsa Cunillé, “Après moi, le déluge”, la relación entre ideología y subjetividad; además de la tensión entre sujeción y subversión. Centrándonos en los conceptos de ideología y subjetividad, debemos destacar diversos aspectos de una ideología neoliberal y neocolonial encarnada en el personaje principal del Hombre, un hombre de negocios que se encuentra en Kinshasa por su vinculación con el negocio del coltán en el Congo.…
En este texto se va a intentar analizar cómo se manifiesta en la obra de Lluïsa Cunillé, “Après moi,…

En este texto se va a intentar analizar cómo se manifiesta en la obra de Lluïsa Cunillé, “Après moi, le déluge”, la relación entre ideología y subjetividad; además de la tensión entre sujeción y subversión.

Centrándonos en los conceptos de ideología y subjetividad, debemos destacar diversos aspectos de una ideología neoliberal y neocolonial encarnada en el personaje principal del Hombre, un hombre de negocios que se encuentra en Kinshasa por su vinculación con el negocio del coltán en el Congo. Su subjetividad está basada en la lógica del mercado, de la eficiencia, el beneficio económico del mundo de los negocios, “lo único que nos salva a nosotros, los hombres de negocios, es la eficiencia” (Cunillé, 2007, p. 466). A través de este personaje también podemos identificar la cosificación de personas y lugares, con el uso de estereotipos para representarlos. Un ejemplo claro de ello son los chistes del comienzo de la obra, pero también aspectos de sí mismo “un hombre de negocios, con un hijo de puta de negocios blanco y tiene que ofrecerle algo que de verdad le interese, algo que de verdad necesite” (Cunillé, 2007, p. 482). Este personaje no es libre ni objetivo, está claramente constituido por una ideología que él mismo reconoce, sus conversaciones sobre el alma, la enfermedad y la muerte, e incluso el miedo y el trauma tras sufrir un atraco, están narrados y explicados desde la lógica de los negocios y la ideología neoliberal capitalista.

Este personaje también cosifica países, en este caso específico, el Congo. La obra muestra una marcada ideología neocolonial al establecer al Congo como un espacio de extracción de minerales, de recursos minerales a través de negocios con compañías extranjeras. El Congo aparece en la obra como un territorio explotable en el que todo el ser humano puede ser intercambiable, todo el mundo tiene un precio. La ideología capitalista se manifiesta en la obra con frases como “pida dinero por él desde el principio” (Cunillé, 2007, p. 489), reduciendo a una persona a simplemente una transacción económica.

En segundo lugar, se analizará la tensión en la obra entre la sujeción y subversión. En esta obra aparecen diferentes tipos de sujeción, entre ellos la sujeción racial y de género. El personaje principal, el Hombre, representa al hombre blanco que busca enriquecerse con la explotación de recursos naturales del Congo. Ligado también a una sujeción colonial, contribuye a representar al Congo como un lugar de explotación de recursos, guerra y violencia, “los aviones vienen cargados de armas y se van de coltán” (Cunillé, 2007, p. 488).  El coltán, material que busca para sus negocios, se convierte en el símbolo del neocolonialismo tecnológico. Además, la conversación entre los personajes a través de la obra reproduce algunas de las ideas coloniales como la prosperidad y esperanza de futuro de Europa, frente al caos y la violencia del Congo.

En cuanto a la sujeción por género, destaca el papel de subordinación de la Intérprete, claramente marcado por su género de mujer. La Intérprete muestra una sexualización explícita y una evaluación constante por parte del personaje del Hombre. Este ejerce constantemente micro-gestos de poder dejando claro que ella está a su servicio, peticiones relacionadas con su cuerpo: “¿puede soltarse el pelo?” “¿puede quitarse las gafas de sol?” (Cunillé, 2007, p. 458). Además, el personaje del visitante congoleño expresa su desagrado explícito hacia su papel como intérprete, “hablar por boca de una mujer”. Esto muestra un patriarcado tanto a nivel local como a un nivel más amplio abarcando el mundo colonial y su ideología. Por consiguiente, el rol de género hace que la Intérprete esté sometida a múltiples sistemas de poder: capitalista, colonial y patriarcal. El resultado de ello es la configuración de su papel en la obra como la persona que se encarga de traducir, mediar, y, en definitiva, obedecer.

Con referencia a la subversión en la obra, es el relato del hijo lo que crea esta subversión al final de la historia. Durante toda la obra es el personaje del Hombre quien mantiene el control y dirige las conversaciones, es el que evalúa, rechaza y dirige. Sin embargo, el punto en el que él afirma “sí que le necesito” se produce una inversión simbólica, el hombre de negocios blanco necesita al joven africano, el explotador necesita al explotado. La idea de autosuficiencia capitalista se quiebra al contemplarse la posibilidad de que el sujeto dominante durante toda la obra muestre su dependencia. Obviamente, cuando se presenta el giro final de la obra con la frase: “mi hijo murió hace dieciséis años”, la historia cambia radicalmente. Todo el relato del visitante congoleño ha sido una planificada construcción, un acto en el que se presentan las experiencias de una persona como individuo, no como parte del colectivo o de la sociedad en general. Con este giro en la historia, se fuerza al personaje del Hombre a imaginarse la vida de un individuo que sufre directamente las consecuencias del sistema neocolonial. La recreación inventada de la vida del hijo se podría interpretar como el fantasma del colonialismo, alegando al sentimiento de conciencia y reconocimiento. El resultado es la pérdida momentánea del control por parte del Hombre, quien tiene una necesidad nueva que no va a ser capaz de complacer, “ahora usted también lo echará de menos” (Cunillé, 2007, p. 503). En definitiva, esta subversión en la obra es totalmente simbólica y no material, ya que esta revelación final no busca cambiar el sistema ni la vida del Hombre o la Intérprete, pero sí aparece una quiebra en el sistema de poder establecido al comienzo de la obra. Conlleva una reflexión sobre esas relaciones de poder y sus consecuencias.

En conclusión, Après moi, le déluge, muestra cómo la ideología neoliberal y necolonial no solo está involucrada en aspectos económicos, sino que conlleva la creación de diferentes estructuras de subjetividad, como la de los personajes de la obra, representadas en las relaciones de poder entre ellos. Por último, la tensión entre sujeción y subversión no se resuelve de manera material ni explícita, pero sí de manera simbólica a través de la ficción, implicando conceptos como la conciencia y la culpa.

 

  BIBLIOGRAFÍA

Cunillé, L. (2008). Après moi, le déluge. En Deu peces (pp. 449–507). Edicions 62.

Carbonell, N. (2020). Cultura y subjetividad en el mundo global. Universitat Oberta de Catalunya

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