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Cultura y subjetividad

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En Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé, la relación entre ideología y subjetividad se construye a través de un diálogo aparentemente banal entre dos personajes —el hombre de negocios y la intérprete— que, sin embargo, revela un entramado de poder, violencia y economía global que configura sus identidades. La obra sitúa la acción en Kinshasa, un espacio marcado por el colonialismo y la explotación de recursos, lo que permite mostrar cómo la ideología dominante —capitalista, colonial y patriarcal— atraviesa…
En Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé, la relación entre ideología y subjetividad se construye a través de…

En Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé, la relación entre ideología y subjetividad se construye a través de un diálogo aparentemente banal entre dos personajes —el hombre de negocios y la intérprete— que, sin embargo, revela un entramado de poder, violencia y economía global que configura sus identidades. La obra sitúa la acción en Kinshasa, un espacio marcado por el colonialismo y la explotación de recursos, lo que permite mostrar cómo la ideología dominante —capitalista, colonial y patriarcal— atraviesa la subjetividad de los personajes.

El hombre encarna una ideología neoliberal y extractivista: su lenguaje, sus preocupaciones y su forma de relacionarse con el entorno están mediadas por la lógica del beneficio. Habla de empresas multinacionales y de la explotación de recursos como el coltan, reduciendo la realidad a una red de transacciones económicas (Cunillé, 2007, p. 466). Esta ideología no solo organiza su visión del mundo, sino también su subjetividad: incluso cuando introduce elementos aparentemente íntimos —como el alma, el miedo o la enfermedad— estos quedan subordinados a una racionalidad instrumental. Su identidad aparece así profundamente configurada por el sistema que representa.

Por su parte, la intérprete ocupa una posición de aparente subordinación, tanto económica como simbólica. Su función consiste en mediar el discurso del otro, lo que la sitúa en una relación de sujeción: traduce, adapta y facilita la comunicación dentro de un marco que no controla. Sin embargo, esta mediación le otorga un poder ambiguo. En diversos momentos se sugiere que su traducción no es completamente neutral, lo que introduce una dimensión de intervención en el discurso. Su subjetividad se configura, por tanto, en una tensión constante entre obediencia y agencia.

Esta ambigüedad resulta clave para entender la tensión entre sujeción y subversión. Ambos personajes están sujetos a estructuras que los exceden: el hombre, a la lógica del capital global; la intérprete, a un contexto de desigualdad y violencia postcolonial. No obstante, la obra muestra que esta sujeción no es total. En el caso del hombre, su enfermedad y su miedo introducen fisuras en su aparente dominio, evidenciando una vulnerabilidad que desestabiliza su posición de poder. En el caso de la intérprete, el humor, la ironía y la gestión de la información funcionan como formas sutiles de resistencia.

La aparición del hijo —ex niño soldado— intensifica esta problemática. Su historia evidencia cómo la ideología de la violencia produce subjetividades marcadas por el trauma y la deshumanización (Cunillé, 2007)  . La propuesta de entregarlo al hombre como aprendiz o servidor revela hasta qué punto las relaciones humanas quedan atravesadas por la lógica del intercambio. Sin embargo, también puede interpretarse como un gesto desesperado de subversión: un intento de escapar de un destino impuesto por la guerra y la pobreza.

En definitiva, la obra muestra que la subjetividad no es autónoma, sino que está profundamente atravesada por estructuras ideológicas que condicionan la percepción, el lenguaje y las relaciones. No obstante, en esa misma construcción emergen grietas —espacios de ambigüedad y contradicción— donde la subversión, aunque limitada, se vuelve posible.

Bibliografía

Cunillé, L. (2007). Après moi, le déluge. Teatre Lliure.

 

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  1. Oscar Gabriel Chocano Almanza says:

    Buenas tardes, María Gaspar Pérez

    Encuentro de una enorme profundidad tu análisis sobre la relación de poder que se da entre los tres personajes de Après moi, le déluge. Una relación de poder que se plasma en la obra de forma asimétrica e indirecta, ya que no se lleva a cabo mediante violencia explícita sino a través de la palabra, la traducción, el dinero, el silencio y la posición colonial y económica de los personajes.

    En la situación dramática planteada por Cunillé ya se establece una jerarquía en la cual el empresario representa el poder económico occidental, el hombre africano la necesidad extrema y la intérprete quien domina el paso de una lengua a otra.

    Tal y como señalas en tu reseña, el domino del hombre de negocios procede de su condición de europeo, de su relación con una empresa dedicada a la explotación de recursos -como el coltán- y de su capacidad de poder marcharse del Congo que únicamente visita por cuestiones laborales. En el caso de la intérprete, su poder deviene del hecho de que es quien controla lo que se transmite. En su acto de traducción, selecciona, media, suaviza o intensifica el mensaje originario del hombre africano. Por último, el padre africano que, en un principio, parece el personaje más débil porque suplica y ofrece a su hijo como si fuese una mercancía para que pueda cumplir su «sueño europeo»; sin embargo, en su revelación final desestabilizará al hombre de negocios, ya que a través de su estrategia ha conseguido que la explotación marcada por un talante abstracto acabe desembocando en un rostro concreto representado por el anuncio de que su hijo, en realidad, se encuentra muerto.

    A la vez la relación de poder se refleja en el espacio escénico. En este caso, la habitación de hotel es un lugar cerrado y transitorio. El hombre de negocios está de paso ya que viaja simplemente para cerrar sus acuerdos económicos basados en la explotación de los recursos del Congo. Frente al espacio cerrado contrasta la tragedia padecida por los aborígenes de la República Democrática del Congo debido a la explotación colonial la cual permanece fuera y casi invisible si no se escarba en las relaciones de poder inherentes a los diálogos. Cunillé hace aparecer el horror sin mostrarlo directamente a través de una conversación austera dominada por silencios y mediaciones.

    La obra plasma las relaciones de poder en cuatro niveles que van desde el económico, el lingüístico, el geopolítico y el patriarcal. En este caso, destaca tu apunte sobre el dominio patriarcal que sufre la intérprete ante las insinuaciones sexuales del hombre de negocios o el hecho de que el hombre africano exponga su malestar debido a que su intérprete sea una mujer.

     

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Ideología y subjetividad dentro de un marco colonialista (Après moi, le déluge)

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Ideología y subjetividad dentro de un marco colonialista (Après moi, le déluge)

La ideología colonialista no solo organiza el mundo exterior sino que también es determinante a la hora de subrayar quién puede hablar, quién puede ser escuchado y bajo qué mediación puede existir un sujeto. Todo se ello, se muestra en la situación planteada por la obra teatral Après moi, le déluge (2008) de Lluïsa Cunillé donde un viejo Hombre africano debe ceder su cuerpo y su voz a la Intérprete europea para poder conversar con el Hombre de negocios, lo…
La ideología colonialista no solo organiza el mundo exterior sino que también es determinante a la hora de subrayar…

La ideología colonialista no solo organiza el mundo exterior sino que también es determinante a la hora de subrayar quién puede hablar, quién puede ser escuchado y bajo qué mediación puede existir un sujeto. Todo se ello, se muestra en la situación planteada por la obra teatral Après moi, le déluge (2008) de Lluïsa Cunillé donde un viejo Hombre africano debe ceder su cuerpo y su voz a la Intérprete europea para poder conversar con el Hombre de negocios, lo que evidencia el silenciamiento histórico padecido por el continente africano por parte del colonialismo blanco procedente de Occidente. Con ello, se pone de manifiesto la idea de Gayatri Spivak que considera que el subalterno no accede fácilmente a una voz propia en el discurso dominante, ya que, a pesar de que el subalterno haga un discurso aparentemente propio; en cambio, dicho parlamento queda traducido, filtrado o anulado por instituciones y marcos de interpretación dominantes. Por eso, el problema entre la relación entre ideología y subjetividad entre el colonizado y el colonizador no solo se reduce al hecho de hablar sino al de ser escuchado y reconocido sin que otro hable en su lugar (Spivak, 2003).

En el texto teatral analizado, la subjetividad de los personajes no aparece como un espacio íntimo y autónomo sino como una realidad atravesada por relaciones históricas de poder. Cunillé muestra cómo ciertas conciencias, voces y modos de percibir están ya moldeados por una estructura ideológica colonial (Said, 2003), lo que supone que el colonialismo no solo domina territorios o cuerpos sino que también impone formas de conocimiento que borran, deforman o vuelven ilegibles otras formas de experiencia. De este modo, el subalterno queda así producido como objeto de saber; no como objeto de enunciación (Spivak, 2003). De este modo, la subjetividad africana aparece expropiada, ya que no se expresa de manera directa sino traducida, desplazada o incorporada por una figura europea que la sustituye sobre el escenario. Por lo tanto, se muestra el hecho de que la ideología colonial produce una subjetividad jerarquizada, poniendo de manifiesto que dicha subjetividad no es solo cultural, sino también política e institucional siendo así una construcción histórica (Said, 2003). En el discurso de Après moi, le déluge sale a la luz el mecanismo a través del cual el europeo, a partir de la Intérprete, ocupa el lugar de la palabra legítima, mientras el africano queda reducido a presencia muda o a una subjetividad subordinada al colonizador occidental. De este modo, la subjetividad occidental se refuerza como instancia legítima de autoridad; en cambio, la subjetividad africana queda atrapada en una representación previa que le niega una agencia plena (Said, 2003). En los inicios de la conversación, la mentalidad del subalterno está dominada por unas aspiraciones que responden más a la mentalidad occidental que a la aborigen, lo que muestra cómo la ideología occidental ha ido moldeando la mentalidad subalterna a través del “sueño europeo” como una posible salida a las penurias y pobreza que padecen las familias autóctonas de los países africanos. En este caso, el Hombre africano expresa su deseo de que su hijo acabe siendo un futbolista profesional en un club europeo.

Al situarse la obra en un hotel de Kinshasa, la subjetividad de los personajes ya no se entiende solo en clave existencial, sino dentro de una red concreta de capitalismo poscolonial, mediación lingüística y violencia simbólica, ya que es la capital de la República Democrática del Congo un espacio ligado a negocios, tránsito y desigual global. Dentro de dicho territorio, Cunillé dramatiza que el sujeto no preexiste a la ideología sino que queda constituido, limitado o incluso borrado por ella, tocando de pleno con ello el pensamiento de Althusser sobre la ideología la cual es considerada la que produce al sujeto a través del mecanismo de la interpelación (Carbonell i Camós, 2026). Hasta la revelación llevada a cabo por el Hombre africano que su hijo en realidad murió de malaria hace 17 años, tanto el Hombre de negocios como el Hombre africano aceptan sus roles respectivos de colonizador y colonizado interpelándose entre sí a través de los marcos que ha encuadrado la mentalidad colonialista.

La ideología aparece no solo en el contenido colonial de la situación sino en la imposibilidad misma de un conocimiento pleno del Otro quien nunca puede ser conocido de manera completa, transparente o directa. El Otro “africano” no aparece como una realidad totalmente accesible, ya que siempre está mediado por la mirada, el lenguaje y las categorías del sujeto que observa. Por tanto, el problema colonial no consiste solo en dominar al Otro, sino también en construirlo desde una perspectiva que pretende comprenderlo; pero que en realidad lo reduce, lo interpreta y lo encierra en sus propios esquemas. La ideología opera no solo en lo que dice del otro, sino en las condiciones mismas desde las que se intenta conocerlo.

A la hora de exponer la relación existente entre ideología y subjetividad sale a la superficie la tensión entre la sujeción y la subversión. La sujeción en dicha obra consiste en que los tres personajes están atrapados en jerarquías de voz, saber y poder cuyas estructuras impiden que la voz del subalterno aparezca como verdaderamente propia y audible (Spivak 2003). El Hombre africano debe ceder su voz y su cuerpo a la Intérprete europea para poder hablar con el Hombre de negocios. De este modo, la dominación colonial se plasma a través de una supremacía de la enunciación que marca quién habla, desde dónde habla y con qué legitimidad a través de roles que se presentan como un fenómeno “natural” cuando es realidad son históricos y construidos mediante la naturalización de lo histórico (Althusser, 1969). Una sujeción que se da también en la subjetividad europea que se encuentra vaciada y desanclada al ser propia de un mundo contemporáneo dominado por la lógica del negocio, la evasión y lo material a la vez que empobrecida a nivel moral y afectivo.

¿Dónde sale a relucir la subversión frente a la sujeción dominante en los tres personajes? En este caso, es en la dramaturgia de Cunillé a través de la cual acaba exponiendo las jerarquías de voz, saber y poder y mediante la cual es capaz de romper la apariencia de normalidad, conduciendo al espectador a llevar a cabo una lectura crítica de lo que parecía un simple diálogo de negocios. El texto subvierte el orden a través del desenmascaramiento formal. No sólo el dominado aparece como sujeto carente de soberanía, sino que también afecta al Hombre de negocios y a la Intérprete que se encuentran atrapados por la lógica ideológica colonialista que encarnan. Al dinamitar los parámetros dramáticos del personaje, la obra rompe la ilusión de materialidad y obliga al espectador a percibir el mecanismo de borrado que sostiene la relación colonial. En este caso, la obra no resuelve la opresión sino que la vuelve insoportable como evidencia. El pasado se convierte así en una dimensión del presente ya que no está cerrado sino que sigue actuando en el presente como memoria, conflicto y marco de interpretación (Said, 1996). Por lo tanto, la revelación final sobre la muerte de su hijo funciona en distintos niveles ya que humaniza al invisible debido a que su anuncio representa la mención de todos los niños africanos muertos por unas condiciones penosas derivadas del colonialismo, por otro lado, desenmascara al empresario que sólo concede valor al hijo del africano cuando imagina lo útil que puede ser para su negocio y, por último, convierte la ausencia en denuncia queriendo salvar el recuerdo de su hijo al conseguir que alguien más lo nombre, lo necesite y lo eche de menos.

Bibliografía:
Althusser, L. [Louis]. (1969). “Prefacio del capital a la filosofía de Marx”. Para leer el capital. Madrid: Siglo XXI Editores, pp. 18-33.
Carbonell i Camós, N. [Neus]. (2026). Módulo 1: Cultura y subjetividad. Barcelona: Materiales FUOC.
Cunillé, LL. [Lluïsa]. (2008). “Après moi, le déluge”. En: Cunillé, Lluïsa. Deu peces. Barcelona: Edicions 62, pp. 449-507.
Foucault, M. [Michel]. (1999). El orden del discurso. Barcelona: Maxi-Tusquets.
Said, E. [Edward]. (2003). “Introducción”. Orientalismo. Barcelona: DeBolsillo, pp. 19-54.
Said, E. [Edward]. (1996). “I. Territorios superpuestos, historias entrecruzadas”. Cultura e imperialismo. Barcelona: Anagrama, pp. 35-73.
Spivak, G.Ch. [Gayatri Chakravoty] (2003). “¿Puede hablar el subalterno?”. Revista Colombiana de Antropología, 39, pp. 297-364.

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Sujetos invisibles: construcción cultural de la subjetividad en Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé

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Sujetos invisibles: construcción cultural de la subjetividad en Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé

Sujetos invisibles: construcción cultural de la subjetividad en Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé La obra de Lluïsa Cunillé opera desde la sustracción: lo que no se muestra, lo que ocurre en los márgenes del lenguaje y el relato. Après moi, le déluge despliega esa lógica con intensidad: en una habitación de hotel de Kinshasa, un hombre de negocios occidental y una intérprete median el encuentro con un anciano congolés cuya realidad está condenada a la invisibilidad por el…
Sujetos invisibles: construcción cultural de la subjetividad en Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé La obra de Lluïsa…

Sujetos invisibles: construcción cultural de la subjetividad en Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé

La obra de Lluïsa Cunillé opera desde la sustracción: lo que no se muestra, lo que ocurre en los márgenes del lenguaje y el relato. Après moi, le déluge despliega esa lógica con intensidad: en una habitación de hotel de Kinshasa, un hombre de negocios occidental y una intérprete median el encuentro con un anciano congolés cuya realidad está condenada a la invisibilidad por el mundo occidental, tanto que su voz solo se oye por la intérprete, alegoría no inocente. Esa invisibilidad no es un efecto escenográfico: es la condición estructural de ciertos sujetos en el orden global. Cuatro tradiciones del pensamiento crítico —Althusser, Arendt, Said y Spivak— permiten articular esa pregunta con precisión.

El aparato ideológico y la interpelación fallida

Althusser sostenía que la ideología opera como un mecanismo de interpelación que constituye a los sujetos en tanto tales: el individuo deviene sujeto cuando una voz —la ley, la escuela, el Estado— lo llama y él responde. En Après moi, le déluge, esta mecánica se exhibe en su reverso. El anciano congolés no accede directamente al diálogo: sus palabras llegan mediadas por la intérprete, filtradas, diferidas. No es interpelado como sujeto pleno sino como alteridad que solicita entrada en un circuito del que ya está excluido. El hombre de negocios europeo, por el contrario, ocupa sin fricción el lugar del sujeto constituido por el capital transnacional: la violencia extractiva se le aparece como operación técnica, no como relación de dominación. La ideología ha cumplido su trabajo cuando ya no es reconocible como tal, al decir de Althusser.

El espacio de aparición y el derecho a tener derechos

Arendt sostiene que la abolición de espacios intermedios entre los hombres, que es el que posibilita la interacción, (y solo ella nos hace humanos y reconocibles como sujetos políticos) es condición para la aparición del totalitarismo, pues “es la soledad la que prepara a los hombres para la dominación totalitaria”, vaticinando además que “la soledad organizada”, es el origen de esta forma de gobierno que “es muy probable que permanezca entre nosotros”, en el agorero (y certero) final de “Los orígenes del totalitarismo”.

Pues bien, lo que Arendt predicaba para las modernas sociedades de masas contemporáneas (occidentales se entiende) puede perfectamente extrapolarse al mundo colonial y postcolonial. La privación más radical es, junto a la pobreza, la expulsión de ese espacio de aparición: quedar fuera del ámbito intermedio donde las palabras tienen efecto. Esta es la condición del colonizado: privado del «derecho a tener derechos», reducido a mera vida biológica para producir. La habitación de hotel de Cunillé es una versión exacta de este no-lugar político. El anciano entra con una demanda articulada —quiere un futuro para su hijo, quiere ser visto—, pero la arquitectura del encuentro ya ha decidido quién puede hablar con eficacia y quién queda subordinado a la gracia del otro. La invisibilidad del anciano no es metáfora poética pues no tiene acceso efectivo al espacio de aparición. La intérprete representa esa zona liminar donde la aparición es siempre parcial, siempre negociada.

El orientalismo del Sur: Congo como texto cultural

Said demostró que las representaciones del «otro» no son reflejos ingenuos sino construcciones discursivas que producen al objeto que dicen describir. El África subsahariana existe para el imaginario occidental como proyección de sus propias necesidades ideológicas: espacio de caos y naturaleza que aguarda ser civilizada y, como no, ordenada y explotada. Cunillé trabaja conscientemente sobre ese archivo. Kinshasa no aparece como ciudad real con historia y agencia propias, sino como escenario de una negociación que los personajes occidentales protagonizan. El problema no es la mala voluntad —el hombre de negocios no es un villano de novela—, sino la consistencia de los marcos cognitivos heredados: para él, el Congo es fundamentalmente un yacimiento de coltán. Said nos habla de una suerte de geografía imaginativa del colonialismo: la producción de espacios que existen para ser usados, no habitados en paridad.

¿Puede hablar el subalterno? La voz diferida

La pregunta que Spivak formuló no pregunta si el subalterno tiene voz —obviamente la tiene— sino si esa voz puede ser escuchada dentro de las estructuras epistémicas del saber colonial. La estructura formal de Après moi, le déluge es la respuesta escénica más precisa a esa pregunta. El anciano habla, pero solo llegamos a su voz a través de la intérprete: su discurso necesita ser traducido y validado para acceder al espacio del hombre occidental. En ese proceso, algo inevitablemente se pierde. Además, se percibe explícitamente la división internacional del trabajo impuesta estructuralmente por el capital extractivo (el coltán) Spivak señalaba además que las mujeres ocupan una posición doblemente marginal. La intérprete encarna esa doble condición: mediadora encerrada, sin historia propia reconocida en la trama. Su negativa a salir del hotel parece, pues no lo dice (las sugerentes omisiones de la obra son su mejor recurso) una respuesta política a un mundo donde parece que su aparición plena resulta imposible.

El diluvio como figura de la subjetividad negada

La nihilista y cínica frase que da título, atribuida a Luis XV, la invocó el propio Marx Après moi, le déluge es la divisa de todo capitalista y de toda nación de capitalistas” y como dicha por Mobutu la cita el personaje del businessman. Cunillé la rescribe desde el lado del expoliado: el diluvio ya está aquí, es la condición permanente de quienes el orden mundial ha condenado a la invisibilidad. La construcción cultural de la subjetividad que la obra pone en escena funciona como exclusión constitutiva: el sujeto burgués europeo se produce precisamente porque hay una exterioridad que lo sostiene y que debe permanecer invisible para que el mecanismo funcione. Althusser diría que esa exclusión está garantizada por el aparato ideológico. Telegráficamente diríamos que este relato para Arendt, sería la negación del espacio político, para Said, el efecto del archivo colonial y en Spivak, es la imposibilidad de escucha que define al subalterno.

Cunillé no propone solución alguna. La obra termina sin desenlace, catarsis ni reconciliación, y esa negativa es en sí misma una posición: la toma de conciencia estética no equivale a la transformación de las estructuras. Lo que el teatro puede hacer —y Après moi, le déluge lo hace— es volver visible la maquinaria de la invisibilización. De ahí la incomodidad que sentimos los espectadores (occidentales) al no poder apartar nuestra mirada de esa tensión.

 

Bibliografia

  • Althusser, Louis Althusser. 2005. “Aparatos ideológicos del Estado.” En La filosofía como arma de la revolución. Madrid: Siglo XXI.

 

  • Arendt, Hannah Arendt. 2006. Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Alianza Editorial.

 

  • Carbonell i Camós, N. 2013. Cultura y subjetividad. Barcelona: UOC.

 

  • Cunillé, Lluïsa Cunillé. 2008. Après moi le déluge.

 

 

  • Spivak, Gayatri Chakravorty Spivak. 2003. “¿Puede hablar el subalterno?” Revista Colombiana de Antropología 39: 297–364.

 

  • Said, Edward W. Said. 2003. “Introducción.” En Orientalismo, 19–54. Barcelona: Debolsillo.

 

  • Said, Edward W. 1996. “Territorios superpuestos, historias entrecruzadas.” En Cultura e imperialismo, 35–73. Barcelona: Anagrama.

Debate1en Sujetos invisibles: construcción cultural de la subjetividad en Après moi, le déluge de Lluïsa Cunillé

  1. Oscar Gabriel Chocano Almanza says:

    Buenas tardes, Luis Barrionuevo

    Tal y como señalas en tu reseña, el teatro puede volver visible la maquinaria de la invisibilización. En este caso, la autora es capaz de hacer visible la invisibilidad de la población congoleña sin convertirla en mero espectáculo. A pesar de que la República Democrática del Congo, está fuera de escena; sin embargo tiene un marcado peso específico en todo lo que se dialoga y ocurre en escena.

    ¿Cómo muestra dicha invisibilidad?

    Cunillé convierte la invisibilidad social y política de la población congoleña en una invisibilidad escénica. Dicha invisibilidad afecta en un principio tanto al hombre africano cuya voz nos llega a través de la intérprete como al hijo del hombre africano que en la revelación final se nos informará que murió hace años a causa de la malaria.

    La necesidad de la mediación de un intérprete sirve para subrayar la invisibilidad de la población autóctona que no solo está desposeída materialmente sino también privada de voz pública propia. Cunillé transforma el acto de traducir en un recurso dramático que revela una desigualdad profunda. Mientras el hombre de negocios habla y decide; en cambio, la voz del hombre africano solo es escuchada a partir de la traducción de la intérprete.

    Cunillé apuesta por un diálogo contenido y fragmentario que evita en todo momento el discurso explicativo o melodramático. Los personajes hablan de forma contenida con frases breves, silencios significativos y elipsis. Dicha austeridad en el lenguaje obliga al espectador a reconstruir lo que no se dice. La autora apuesta por mostrar la tragedia del Congo a través de lo omitido, lo insinuado y todo lo que queda fuera del lenguaje.

    La acción al situarse en una habitación de hotel provoca una separación con el devenir diario de la vida cotidiana en la capital del Congo. Desde la mentalidad europea, el país congoleño queda reducido a mero decorado, negocio o amenaza exterior sin establecer un contacto directo con los padecimientos coloniales de sus habitantes autóctonos. A pesar de que el Congo aparece como lugar de explotación económica por parte de empresas occidentales; en cambio, su población apenas aparece como una comunidad visible. Mientras que el territorio congoleño interesa por sus riquezas en recursos naturales; sin embargo, sus habitantes permanecen absolutamente olvidados. El dominio por parte de Occidente no siempre se produce a través de la ocupación militar, sino que se puede establecer mediante empresas, contratos y extracción de recursos.

    Entre los recursos escénicos de Cunillé destacan los silencios como pausas vacías que funcionan como signos de impotencia, culpa, incomodidad o negación. El silencio del hombre de negocios revela su distancia moral; en cambio, el silencio que rodea al hijo saca a relucir su falta de agencia y, por último, los silencios de la intérprete reflejan la dificultad de mediar entre dos mundos desiguales. Al mismo tiempo, el silencio permite la pausa necesaria para que el espectador pueda completar todo aquello que no llega a formularse y que apunta a una carga crítica sobre lo escenificado en las tablas.

    La despersonalización del hijo acentúa la denuncia sobre un sistema que lo ha reducido a un cuerpo disponible para el sistema colonialista donde carece de voz y de voto sin posibilidad de llevar a cabo un proyecto vital propio. Imposibilidad que se da tanto al principio cuando el padre pretende que tenga una salida a la pobreza, poniéndolo bajo la tutela del hombre de negocios, como al final cuando se confirma que murió hace años de malaria siguiendo el destino de miles de niños africanos que mueren a causa de las condiciones colonialistas configuradas por Occidente.

    A la hora de encarar la denuncia del marco colonialista que predomina en la situación de numerosos países africanos, Cunillé emplea una dramaturgia de la sustracción ya que no muestra directamente la catástrofe, sino sus efectos en una conversación aparentemente banal.De este modo, se produce una paradoja debido a que la población congoleña se vuelve visible precisamente por su ausencia, su silencio y la necesidad de ser traducida ante quienes en verdad poseen el poder de decidir y dominan el marco de comunicación estableciendo las reglas del juego.