La ideología colonialista no solo organiza el mundo exterior sino que también es determinante a la hora de subrayar quién puede hablar, quién puede ser escuchado y bajo qué mediación puede existir un sujeto. Todo se ello, se muestra en la situación planteada por la obra teatral Après moi, le déluge (2008) de Lluïsa Cunillé donde un viejo Hombre africano debe ceder su cuerpo y su voz a la Intérprete europea para poder conversar con el Hombre de negocios, lo que evidencia el silenciamiento histórico padecido por el continente africano por parte del colonialismo blanco procedente de Occidente. Con ello, se pone de manifiesto la idea de Gayatri Spivak que considera que el subalterno no accede fácilmente a una voz propia en el discurso dominante, ya que, a pesar de que el subalterno haga un discurso aparentemente propio; en cambio, dicho parlamento queda traducido, filtrado o anulado por instituciones y marcos de interpretación dominantes. Por eso, el problema entre la relación entre ideología y subjetividad entre el colonizado y el colonizador no solo se reduce al hecho de hablar sino al de ser escuchado y reconocido sin que otro hable en su lugar (Spivak, 2003).
En el texto teatral analizado, la subjetividad de los personajes no aparece como un espacio íntimo y autónomo sino como una realidad atravesada por relaciones históricas de poder. Cunillé muestra cómo ciertas conciencias, voces y modos de percibir están ya moldeados por una estructura ideológica colonial (Said, 2003), lo que supone que el colonialismo no solo domina territorios o cuerpos sino que también impone formas de conocimiento que borran, deforman o vuelven ilegibles otras formas de experiencia. De este modo, el subalterno queda así producido como objeto de saber; no como objeto de enunciación (Spivak, 2003). De este modo, la subjetividad africana aparece expropiada, ya que no se expresa de manera directa sino traducida, desplazada o incorporada por una figura europea que la sustituye sobre el escenario. Por lo tanto, se muestra el hecho de que la ideología colonial produce una subjetividad jerarquizada, poniendo de manifiesto que dicha subjetividad no es solo cultural, sino también política e institucional siendo así una construcción histórica (Said, 2003). En el discurso de Après moi, le déluge sale a la luz el mecanismo a través del cual el europeo, a partir de la Intérprete, ocupa el lugar de la palabra legítima, mientras el africano queda reducido a presencia muda o a una subjetividad subordinada al colonizador occidental. De este modo, la subjetividad occidental se refuerza como instancia legítima de autoridad; en cambio, la subjetividad africana queda atrapada en una representación previa que le niega una agencia plena (Said, 2003). En los inicios de la conversación, la mentalidad del subalterno está dominada por unas aspiraciones que responden más a la mentalidad occidental que a la aborigen, lo que muestra cómo la ideología occidental ha ido moldeando la mentalidad subalterna a través del “sueño europeo” como una posible salida a las penurias y pobreza que padecen las familias autóctonas de los países africanos. En este caso, el Hombre africano expresa su deseo de que su hijo acabe siendo un futbolista profesional en un club europeo.
Al situarse la obra en un hotel de Kinshasa, la subjetividad de los personajes ya no se entiende solo en clave existencial, sino dentro de una red concreta de capitalismo poscolonial, mediación lingüística y violencia simbólica, ya que es la capital de la República Democrática del Congo un espacio ligado a negocios, tránsito y desigual global. Dentro de dicho territorio, Cunillé dramatiza que el sujeto no preexiste a la ideología sino que queda constituido, limitado o incluso borrado por ella, tocando de pleno con ello el pensamiento de Althusser sobre la ideología la cual es considerada la que produce al sujeto a través del mecanismo de la interpelación (Carbonell i Camós, 2026). Hasta la revelación llevada a cabo por el Hombre africano que su hijo en realidad murió de malaria hace 17 años, tanto el Hombre de negocios como el Hombre africano aceptan sus roles respectivos de colonizador y colonizado interpelándose entre sí a través de los marcos que ha encuadrado la mentalidad colonialista.
La ideología aparece no solo en el contenido colonial de la situación sino en la imposibilidad misma de un conocimiento pleno del Otro quien nunca puede ser conocido de manera completa, transparente o directa. El Otro “africano” no aparece como una realidad totalmente accesible, ya que siempre está mediado por la mirada, el lenguaje y las categorías del sujeto que observa. Por tanto, el problema colonial no consiste solo en dominar al Otro, sino también en construirlo desde una perspectiva que pretende comprenderlo; pero que en realidad lo reduce, lo interpreta y lo encierra en sus propios esquemas. La ideología opera no solo en lo que dice del otro, sino en las condiciones mismas desde las que se intenta conocerlo.
A la hora de exponer la relación existente entre ideología y subjetividad sale a la superficie la tensión entre la sujeción y la subversión. La sujeción en dicha obra consiste en que los tres personajes están atrapados en jerarquías de voz, saber y poder cuyas estructuras impiden que la voz del subalterno aparezca como verdaderamente propia y audible (Spivak 2003). El Hombre africano debe ceder su voz y su cuerpo a la Intérprete europea para poder hablar con el Hombre de negocios. De este modo, la dominación colonial se plasma a través de una supremacía de la enunciación que marca quién habla, desde dónde habla y con qué legitimidad a través de roles que se presentan como un fenómeno “natural” cuando es realidad son históricos y construidos mediante la naturalización de lo histórico (Althusser, 1969). Una sujeción que se da también en la subjetividad europea que se encuentra vaciada y desanclada al ser propia de un mundo contemporáneo dominado por la lógica del negocio, la evasión y lo material a la vez que empobrecida a nivel moral y afectivo.
¿Dónde sale a relucir la subversión frente a la sujeción dominante en los tres personajes? En este caso, es en la dramaturgia de Cunillé a través de la cual acaba exponiendo las jerarquías de voz, saber y poder y mediante la cual es capaz de romper la apariencia de normalidad, conduciendo al espectador a llevar a cabo una lectura crítica de lo que parecía un simple diálogo de negocios. El texto subvierte el orden a través del desenmascaramiento formal. No sólo el dominado aparece como sujeto carente de soberanía, sino que también afecta al Hombre de negocios y a la Intérprete que se encuentran atrapados por la lógica ideológica colonialista que encarnan. Al dinamitar los parámetros dramáticos del personaje, la obra rompe la ilusión de materialidad y obliga al espectador a percibir el mecanismo de borrado que sostiene la relación colonial. En este caso, la obra no resuelve la opresión sino que la vuelve insoportable como evidencia. El pasado se convierte así en una dimensión del presente ya que no está cerrado sino que sigue actuando en el presente como memoria, conflicto y marco de interpretación (Said, 1996). Por lo tanto, la revelación final sobre la muerte de su hijo funciona en distintos niveles ya que humaniza al invisible debido a que su anuncio representa la mención de todos los niños africanos muertos por unas condiciones penosas derivadas del colonialismo, por otro lado, desenmascara al empresario que sólo concede valor al hijo del africano cuando imagina lo útil que puede ser para su negocio y, por último, convierte la ausencia en denuncia queriendo salvar el recuerdo de su hijo al conseguir que alguien más lo nombre, lo necesite y lo eche de menos.
Bibliografía:
Althusser, L. [Louis]. (1969). “Prefacio del capital a la filosofía de Marx”. Para leer el capital. Madrid: Siglo XXI Editores, pp. 18-33.
Carbonell i Camós, N. [Neus]. (2026). Módulo 1: Cultura y subjetividad. Barcelona: Materiales FUOC.
Cunillé, LL. [Lluïsa]. (2008). “Après moi, le déluge”. En: Cunillé, Lluïsa. Deu peces. Barcelona: Edicions 62, pp. 449-507.
Foucault, M. [Michel]. (1999). El orden del discurso. Barcelona: Maxi-Tusquets.
Said, E. [Edward]. (2003). “Introducción”. Orientalismo. Barcelona: DeBolsillo, pp. 19-54.
Said, E. [Edward]. (1996). “I. Territorios superpuestos, historias entrecruzadas”. Cultura e imperialismo. Barcelona: Anagrama, pp. 35-73.
Spivak, G.Ch. [Gayatri Chakravoty] (2003). “¿Puede hablar el subalterno?”. Revista Colombiana de Antropología, 39, pp. 297-364.
Debatecontribution 0en Ideología y subjetividad dentro de un marco colonialista (Après moi, le déluge)
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Buenas tardes, Luis Barrionuevo
Tal y como señalas en tu reseña, el teatro puede volver visible la maquinaria de la invisibilización. En este caso, la autora es capaz de hacer visible la invisibilidad de la población congoleña sin convertirla en mero espectáculo. A pesar de que la República Democrática del Congo, está fuera de escena; sin embargo tiene un marcado peso específico en todo lo que se dialoga y ocurre en escena.
¿Cómo muestra dicha invisibilidad?
Cunillé convierte la invisibilidad social y política de la población congoleña en una invisibilidad escénica. Dicha invisibilidad afecta en un principio tanto al hombre africano cuya voz nos llega a través de la intérprete como al hijo del hombre africano que en la revelación final se nos informará que murió hace años a causa de la malaria.
La necesidad de la mediación de un intérprete sirve para subrayar la invisibilidad de la población autóctona que no solo está desposeída materialmente sino también privada de voz pública propia. Cunillé transforma el acto de traducir en un recurso dramático que revela una desigualdad profunda. Mientras el hombre de negocios habla y decide; en cambio, la voz del hombre africano solo es escuchada a partir de la traducción de la intérprete.
Cunillé apuesta por un diálogo contenido y fragmentario que evita en todo momento el discurso explicativo o melodramático. Los personajes hablan de forma contenida con frases breves, silencios significativos y elipsis. Dicha austeridad en el lenguaje obliga al espectador a reconstruir lo que no se dice. La autora apuesta por mostrar la tragedia del Congo a través de lo omitido, lo insinuado y todo lo que queda fuera del lenguaje.
La acción al situarse en una habitación de hotel provoca una separación con el devenir diario de la vida cotidiana en la capital del Congo. Desde la mentalidad europea, el país congoleño queda reducido a mero decorado, negocio o amenaza exterior sin establecer un contacto directo con los padecimientos coloniales de sus habitantes autóctonos. A pesar de que el Congo aparece como lugar de explotación económica por parte de empresas occidentales; en cambio, su población apenas aparece como una comunidad visible. Mientras que el territorio congoleño interesa por sus riquezas en recursos naturales; sin embargo, sus habitantes permanecen absolutamente olvidados. El dominio por parte de Occidente no siempre se produce a través de la ocupación militar, sino que se puede establecer mediante empresas, contratos y extracción de recursos.
Entre los recursos escénicos de Cunillé destacan los silencios como pausas vacías que funcionan como signos de impotencia, culpa, incomodidad o negación. El silencio del hombre de negocios revela su distancia moral; en cambio, el silencio que rodea al hijo saca a relucir su falta de agencia y, por último, los silencios de la intérprete reflejan la dificultad de mediar entre dos mundos desiguales. Al mismo tiempo, el silencio permite la pausa necesaria para que el espectador pueda completar todo aquello que no llega a formularse y que apunta a una carga crítica sobre lo escenificado en las tablas.
La despersonalización del hijo acentúa la denuncia sobre un sistema que lo ha reducido a un cuerpo disponible para el sistema colonialista donde carece de voz y de voto sin posibilidad de llevar a cabo un proyecto vital propio. Imposibilidad que se da tanto al principio cuando el padre pretende que tenga una salida a la pobreza, poniéndolo bajo la tutela del hombre de negocios, como al final cuando se confirma que murió hace años de malaria siguiendo el destino de miles de niños africanos que mueren a causa de las condiciones colonialistas configuradas por Occidente.
A la hora de encarar la denuncia del marco colonialista que predomina en la situación de numerosos países africanos, Cunillé emplea una dramaturgia de la sustracción ya que no muestra directamente la catástrofe, sino sus efectos en una conversación aparentemente banal.De este modo, se produce una paradoja debido a que la población congoleña se vuelve visible precisamente por su ausencia, su silencio y la necesidad de ser traducida ante quienes en verdad poseen el poder de decidir y dominan el marco de comunicación estableciendo las reglas del juego.