LA REALIDAD A TRAVÉS DE LA IDEOLOGÍA
LA REALIDAD A TRAVÉS DE LA IDEOLOGÍA
En la obra de Lluïsa Cunillé Après moi, le déluge, se muestra una exploración singular de la subjetividad a través de dos personajes dialogantes y cuatro personajes en total; el hombre, la intérprete, el segundo hombre y el hijo del segundo hombre. Bien, para mi, esto es importante, pues el personaje del segundo hombre se canaliza o ‘existe’ en la obra, o tiene una voz, gracias o a través del personaje de la intérprete. Por otro lado, el hijo del segundo hombre, sólo existe y tiene voz a través del personaje, quien a su vez habla a través de la intérprete. Esto ya nos da una idea de la posible distorsión de la realidad que pueden ofrecernos estos dos personajes. Según Louis Althusser, la ideología no refleja la realidad tal cual es sino cómo los personajes imaginan su relación con dicha realidad. Para poner esto en términos de la obra podemos pensar en cómo el hombre 2 imagina la realidad o percibe la realidad como un espacio en donde su hijo habla con él tiene confianza e incluso hace cosas sin que él esté delante como ahora perseguir al hombre durante una semana o estarle, esperando a la puerta. Entonces esta forma de percibir la realidad basada en la imaginación de lo que uno quiere o puede percibir es a su vez una forma de crear realidad. Althusser también dijo que aunque parece algo mental la ideología en realidad puede tener o tiene efectos materiales porque influye en lo que hacemos y cómo lo hacemos es por eso que la ideología del hombre 2 afecta a las acciones del hombre en cuanto a que querer hacer, y lo más importante que necesitar. La ideología del hombre dos vemos cómo puede cambiar el la mentalidad del hombre protagonista para crear una nueva demanda una nueva necesidad en la que necesite al hijo del hombre 2 el cual no existe ni he visto nunca.
En la obra, el personaje del hombre es un hombre de negocios que está muy atado a su posición y a su papel social, es decir, es un hombre cuya subjetividad se basa mucho en ser un ser social y trabajar. A todo esto llega un hombre que parece ser lo opuesto a él, pues no tiene estudios, y no tiene las mismas oportunidades ni expectativas de vida. Y aun así, los dos están enfermos y les queda poco por vivir. El segundo hombre tiene tan presente a su hijo fallecido que empieza a crear una necesidad al primer hombre para que así eche de menos a su hijo y no se encuentre solo en el duelo y al hijo le llore él también. Para hacerlo es capaz de construir toda una personalidad alrededor de su hijo fallecido de tres años de edad. Con tan solo tres años, un niño no ha podido desarrollar una personalidad, pero aun así, el padre, cuando justifica haber hecho él las acciones que describe que había hecho su hijo, le explica al hombre uno con mucha determinación que efectivamente su hijo lo hubiese querido hacer de tal manera. Es por eso que considero que la ideología del hombre le hace ser capaz de cambiar y actuar de esta forma en la que atribuye cualidades ficticias de la ideología a la realidad y es capaz de materializar sus acciones de forma distinta y causar lo mismo en el hombre uno. El padre, pues, no solo consigue buscar una personalidad para su idea de cómo sería su hijo fallecido de mayor sino que le atribuye recuerdos, e incluso algunos de ellos muy traumáticos, como sería el hecho de haber sido raptado de muy joven y obligado a militar y a matar y a ver a seres queridos morir. Para i esta creación de una personalidad tan detallada es la prueba en la que se puede cuestionar hasta qué punto la ideología es capaz de crear subjetividades, en el caso del hijo adolescente del segundo hombre, el cual empieza a existir en la obra como personaje a través de la ideología y no desde la realidad, o de transformarlas, como es el caso del segundo hombre, el cual ha cambiado sus acciones durante toda la semana tan solo por esa misma ideología. Considero, pues, que la obra hace muy buen trabajo a la hora de jugar con distintas subjetividades y las ideologías a la que están sujetas y como estas moldean la vida y las acciones de dichos sujetos, y la resistencia o falta de ella que los sujetos puedan impartir.
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Buenas tardes, María Gaspar Pérez
Encuentro de una enorme profundidad tu análisis sobre la relación de poder que se da entre los tres personajes de Après moi, le déluge. Una relación de poder que se plasma en la obra de forma asimétrica e indirecta, ya que no se lleva a cabo mediante violencia explícita sino a través de la palabra, la traducción, el dinero, el silencio y la posición colonial y económica de los personajes.
En la situación dramática planteada por Cunillé ya se establece una jerarquía en la cual el empresario representa el poder económico occidental, el hombre africano la necesidad extrema y la intérprete quien domina el paso de una lengua a otra.
Tal y como señalas en tu reseña, el domino del hombre de negocios procede de su condición de europeo, de su relación con una empresa dedicada a la explotación de recursos -como el coltán- y de su capacidad de poder marcharse del Congo que únicamente visita por cuestiones laborales. En el caso de la intérprete, su poder deviene del hecho de que es quien controla lo que se transmite. En su acto de traducción, selecciona, media, suaviza o intensifica el mensaje originario del hombre africano. Por último, el padre africano que, en un principio, parece el personaje más débil porque suplica y ofrece a su hijo como si fuese una mercancía para que pueda cumplir su «sueño europeo»; sin embargo, en su revelación final desestabilizará al hombre de negocios, ya que a través de su estrategia ha conseguido que la explotación marcada por un talante abstracto acabe desembocando en un rostro concreto representado por el anuncio de que su hijo, en realidad, se encuentra muerto.
A la vez la relación de poder se refleja en el espacio escénico. En este caso, la habitación de hotel es un lugar cerrado y transitorio. El hombre de negocios está de paso ya que viaja simplemente para cerrar sus acuerdos económicos basados en la explotación de los recursos del Congo. Frente al espacio cerrado contrasta la tragedia padecida por los aborígenes de la República Democrática del Congo debido a la explotación colonial la cual permanece fuera y casi invisible si no se escarba en las relaciones de poder inherentes a los diálogos. Cunillé hace aparecer el horror sin mostrarlo directamente a través de una conversación austera dominada por silencios y mediaciones.
La obra plasma las relaciones de poder en cuatro niveles que van desde el económico, el lingüístico, el geopolítico y el patriarcal. En este caso, destaca tu apunte sobre el dominio patriarcal que sufre la intérprete ante las insinuaciones sexuales del hombre de negocios o el hecho de que el hombre africano exponga su malestar debido a que su intérprete sea una mujer.